“Son magníficas, Manuel”, decía cuando veía mis fotos, con una sonrisa de admiración y con el ceño fruncido para denotar seriedad en su comentario. Era una gran persona, divertida, espontánea, una de las personas con la que mejor me lo he pasado en mi vida. Muchos veranos de adolescencia pasados junto a él, interminables partidas de pocha, extravagancias como saltar la tapia de un…